Uno de los grandes tesoros que alberga la Comunidad de Galicia es el gran conjunto de pazos que se pueden encontrar recorriendo sus bosques, colinas y sus celtas tierras repletas de meigas y trasnos. Estas casas señoriales estuvieron antaño ocupadas por algunas de las familias nobles más importantes de los siglos XVIII y XIX y además de guardar grandes secretos en la majestuosidad de su arquitectura palaciega son uno de los mejores escenarios posibles para celebraciones íntimas y familiares. En el Pazo de Vilaboa en las Rías Altas de la costa de A Coruña se esconde una gran muestra de arte medieval que fue reconstruida por el artífice de las Torres de Meirás y que en la última década ha visto la unión de más de 600 parejas de enamorados. Gracias a Daniel Santalla y a su trabajo fotográfico, con el que realza la belleza de las pequeñas cosas capturando su esencia y su luz, hoy te traigo una boda clásica y sencilla en la que la prioridad fue mantener la naturalidad de un momento tan especial como este.

En la tierra del fin del mundo y de la lluvia eterna cualquier excusa es motivo de celebración pero cuando la noticia es la vida en sí misma todo se multiplica por diez. Fue así como comenzó esta ceremonia, con la preciosa noticia de que los futuros marido y mujer se habían convertido también en los futuros padres de un precioso bebé que alegraría a toda la familia. Desde ese momento el ambiente se tiñó de ternura y la ceremonia fue muy intensa y emotiva, en parte debido a las preciosas palabras que les dedicaron las sobrinas de la novia a la pareja y a la especial canción con la que una de ellas deleitó a todos los convidados al terminar la celebración.

Los tonos blancos y beige estuvieron presentes en todos los elementos decorativos y el propio pazo se encargó de que la sobriedad y la sencillez fueran las protagonistas durante toda la velada. El catering también corrió a cargo del Pazo de Vilaboa dejando encantados a los asistentes al utilizar materias primas de calidad para servir delicias como salpicón de bogavante, brocheta de rape y langostinos o entrecot. En este caso no hubo mesa dulce sino que se sirvió leche frita de postre y pequeñas cajitas con chuches para los más pequeños y es que a veces, aunque no lo parezca, el amor y el cariño son el único dulce necesario.

boda clasica sencilla anajose

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¿Has pensado en celebrar tu boda en un pazo? ¿Qué te ha parecido esta boda clásica y sencilla? Yo ya me despido pero cuéntame cualquier cosa que te pase por esa cabecita en los comentarios. ¡Nos vemos en la próxima!


Fotografía Daniel Santalla | Vestido Bgo&me | Maquillaje Mimo the beauty room | Peluquería Pin up