La luz del sol se cuela entre las hojas de los árboles, dibujando pequeñas sombras que bailan sobre mi piel en una danza tan antigua que viene cargada con la fuerza de todos mis ancestros. Siento sobre mi mano el fuerte agarre del hombre que se ha convertido en el amor de mi vida, siguiéndolo con rapidez por entre la vegetación que nos envuelve. Nos movemos con vehemencia por el bosque, recorriendo los lugares mágicos con los que nos obsequia la naturaleza e intentando dejar atrás el ruido de la ciudad, las apariencias y las conversaciones vacías que inundan nuestros corazones.


Una postboda en el río



Una postboda en el rio

La cola de mi blanco vestido se enreda entre las ramas y piedras a pesar de que la he recogido entre mis brazos desde el primer momento en el que pisamos aquel mágico lugar. La gama de verdes que se extiende ante nosotros en tan vibrante e intensa que me veo obligada a parar durante unos segundos para admirar la naturaleza que nos envuelve y que ha logrado quitarme el aliento.

Una postboda en el rio

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Retomamos el camino segundos después y la mirada del magnífico hombre que me acompaña, alguien que sé que estará a mi lado durante toda mi vida, en los buenos y en los malos momentos, hace que aparezca una amplia sonrisa en mi rostro que no va a desaparecer en mucho tiempo.

Una postboda en el rio

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El tronco que encontramos en el camino y que bloquea nuestro paso logra sacarme de mi ensoñación y  me vuelvo hacia él en busca de una respuesta, pero lo único que logro ver es su amplia sonrisa antes de que me coja en brazos y me lleve al otro lado del camino. Su aliento acaricia mi rostro y en cuestión de segundos sus labios tocan los míos y todo a nuestro alrededor desaparece sin dejar rastro.

Una postboda en el rio

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Poco después llega a mis oídos el fuerte murmullo del agua. Lo primero que pienso es que debe haber algún arroyo cerca pero cuando siento sus manos sobre mis ojos sé que hay una sorpresa en camino. El viento roza mis mejillas con delicadeza y empiezo a sentir las pequeñas partículas de humedad sobre mi piel. Tengo que esperar a que mis ojos se ajusten a la luz pero cuando logro ver el paraje que hay delante de mí me quedo atónita. Siento sus brazos alrededor de mi cintura y en ese momento, en ese lugar, sé que no habrá nada en el mundo capaz de separarnos.

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Espero que te haya gustado esta sesión fotografiada por los artistas de Tecueme y, como no podía ser de otra forma, ¡nos vemos en la próxima!


Fotografía Tecueme